El mundo convulsionado por la crisis hipotecaria de EE.UU.
El impacto ha sido brutal y a algunos cuesta creer que el sistema bancario español se haya quedado a salvo del desastre de las hipotecas subprime norteamericanas.

Sin embargo, así es, como han puesto de manifiesto el Banco de España, el BCE o el Banco Internacional de Pagos así como las casas de análisis internacionales.
El inicio de una etapa de estabilización o descenso de los precios de las viviendas en EE UU, después de unos años de fuerte incremento (que muchos consideraron burbuja), y el aumento de los tipos de interés provocaron, desde la primavera de 2007, un fuerte incremento de la morosidad en las hipotecas conocidas como subprime
Denominadas así por no seguir el estándar del las prime en garantías, capacidad de pago e historial crediticio del prestatario—, cuyo peso en el total de hipotecas había sido creciente en los últimos años (hasta llegar al nunca antes visto 16 por ciento).
Su impacto en la tasa media de morosidad (hasta elevarla al 6 por ciento) ha agudizado allí el ajuste inmobiliario vía precios, lo que además de acelerar el problema, ha generando un efecto arrastre negativo en el conjunto de la economía de EE UU y un aumento de la incertidumbre en todo el mundo.
El fuerte crecimiento del crédito (más del 20 por ciento) y de la economía real en España de los últimos años hizo que las entidades españolas no estuvieran interesadas en comprar préstamos originados fuera de España.
Tampoco en EE UU. En contraste, las entidades de muchos países centroeuropeos, ante la atonía del crédito doméstico (en Alemania, por ejemplo, el crédito había crecido por debajo del 3 por ciento esos años), sí invirtieron en bonos hipotecarios americanos, contribuyendo a financiar el déficit exterior estadounidense.
¿Quién iba a decir hace solo un año que el principal problema que generaría el elevadísimo déficit corriente exterior americano iba a ser la exportación de un problema de solvencia a tantos bancos que compraron masivamente bonos americanos?
En España, el sistema financiero está libre de estas inversiones. Ahora el gran desafío es enfrentarse al deterioro del canal crediticio en buena parte del mundo en un contexto de crecimiento significativamente menor.
La mayor eficiencia comercial, la orientación minorista de su negocio y su fuerte solvencia hacen de los bancos y cajas de ahorro españoles entidades muy bien posicionadas para acometer el cambio de coyuntura.
El sistema financiero español es ya uno de los más sólidos del mundo. La tasa de mora que sufren las entidades en España es mucho más baja (0,8 por ciento) que la de otros países europeos (por encima del 4 por ciento en Alemania, por ejemplo) y las dotaciones (reservas para acometer empeoramientos de la mora sin afectar a los resultados) y el capital, gracias a haber hecho granero durante la expansión, mucho mayores.
Sin duda, el desafío es enorme, pero el punto de partida es envidiable.